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Sed (2011) de la luna libros,tripas

PILAR ÁLVARO

 Al estilo de los Siglos de Oro, cuando la escasez de resmas de papel hacía poco viable la comercialización de pliegos sueltos, Marino González nos ofrece un volumen facticio compuesto de relatos, dos piezas teatrales, dos epístolas y fragmentos de prosa poética a ritmo de Eclesiastés: minados de dáctilos; rasgados por inauditos dodecasílabos. Doce más un textos reunidos bajo el epígrafe de SED.

¿Poliantea o Miscelánea? Haciendo de la necesidad virtud nos atrevemos a decir que ni lo uno ni lo otro. Ni ejercicios de estilo, ni florilegio, sino un retablo de Maese Pérez en cuya penumbra nos adentramos con cautela, amusgando los ojos, como su criatura. En el siglo siguiente al siguiente a la Quinta del Sordo, no hallamos candilejas ni diablas que nos guíen. En estas pinturas negras no hay Saturnos devorando a un hijo. Ya no hay dioses. Sólo un cíclope (p.13):

"El cielo de Madrid es desastrífero"

CORO: "Ibant obscuri sola sub nocte per umbram". (Descendemos. Un escenario poblado de truncas imágenes idénticas, convulsas, arrebatadas por el odio, devorándose a sí mismas y los otros. No hay color apenas. El líquido de revelado y el fijador desaparecen. Sólo el azul lorquiano de Nueva York, ya sales de plomo; y el rojo ya podrido de manzanas hespéricas levemente mordidas: perros equivocados. A gatas intentamos encontrar la salida del proscenio. Hallar nuestro cordón umbilical, hilo de Ariadna.)

Logramos entrever las puertas del Jardín que nos mostrara Lilith y Athanasius Kircher topografiara. Pero las guardan querubines que blanden espadas: ángeles de la ciencia y del conocimiento; no serafines: ángeles del sexo y la fertilidad.

La Mujer-Serpiente inicia la Historia en "El odio original" (p.13), y desde ese instante, como vio Novalis, la lucha por reunir el paraíso disperso por la tierra, por rellenar su esqueleto. Así, en el Ars moriendi que es el último fragmento, una voz dice (p.74):

"Podría dejarme morir como si nada. Y aumentar el nivel de este suelo blanco suelo hecho de huesos. Notomías prensadas..."

El título apunta a la Epístola de los Tiempos Postreros, la Epístola II de San Pedro (2,22), el versículo del perro que se come lo vomitado. Para los cristianos orientales el perro es el símbolo de los pecadores, que como él se alimentan de lo que han vomitado. Soberbio el perro de "La rama del laurel" (pp.31-32).

Estimulantes los juegos pragmáticos de no cooperación, la ambivalencia de tiempos y personas, la neopuntuación o neosintaxis en "De comer al odio" ( p.53); los neologismos, el rescate de voces olvidadas. Pero, podremos sobrevivir a su lectura? ¿Podremos sustraernos a la cadena trófica?