El escritor Francisco Rodríguez Criado escribe sobre el libro Lo que piensan los hombres bajo el agua de Marino González Montero

 
 
El descanso está sobrevalorado. Díganselo, si no me creen, a los Rolling Stones o, por no irnos tan lejos, a Marino Gonzalez Montero, infatigable en sus tareas literarias desde hace décadas. El suyo es un currículum abnegado de tipo duro que no se toma vacaciones ni en agosto: licenciado en Filología inglesa, fundador y codirector de la editorial De la Luna Libros y de la revista de creación «La Luna de Mérida», escritor, director de espectáculos teatrales, profesor en un instituto de enseñanza secundaria…
De esta última actividad se ha jubilado, dicen, pero no del resto de sus oficios culturales. La prueba es su último libro, que acabo de terminar de leer, «lo que piensan los hombres bajo el agua», a su vez último tomo de la colección de relatos Lunas de oriente, que dirigen él mismo y el escritor Elías Moro, publicada cómo no en el sello De la Luna Libros, que ha celebrado recientemente su 30 aniversario de vida.
«Lo que piensan los hombres bajo el agua» es un ramillete de textos breves aglutinados en cuatro secciones: En la piscina, De compras, De Bares y Clases. Cuatro apartados temáticos en los que el autor va dejando constancia del día a día, con buen fuste narrativo, en esos espacios por los que se mueve (en unos con más destreza que en otros). Estos textos breves son, por así decirlo, vivencias encapsuladas en amenas píldoras pasadas por el tamiz literario.
Comienza el libro con las malandanzas de nuestro personaje narrador en la piscina climatizada, un lugar para él inhóspito donde no pasa de ser, en sus propias palabras, “un Bartleby del cloro”.
Esta es quizá la parte del libro más autoparódica y divertida, con esos episodios repletos de un humor socarrón que escenifica los afanes del hombre occidental de edad media –retrato en el que muchos nos vemos reflejados– que intenta hacer muchas cosas presuntamente buenas… para las que no parece predestinado.
Reproduzco el quinto capítulo, a modo de ejemplo del buen humor que destila el libro:
«Habéis sido tantos los que me habéis animado por esta vía cibernética, y tantos tan solo por la calle, que he vuelto a la piscina. Con renovados bríos. He decidido no pensar y seguir empapado con la idea de tirarme directamente al agua. Dicho y hecho. Iba a saltar desde el trampolín como cuando creíamos que éramos Greg Louganis. Pero no. Mejor no arriesgo, pensé. Un largo a braza. Descanso. Un largo a crol. Descanso. No estoy para mariposas porque me duele la espalda. Me salgo. Busco en el bolsillo del albornoz y nada más encender el cigarrillo se presenta el salvavidas con cara de pocos amigos. Su no decirme nada es suficiente para apagarlo en la palma de la mano y marcharme. Mejor no arriesgo».
Marino González Montero, lo que piensan los hombres bajo el agua (de la luna libros, 2022)
No tengo ni idea de qué es lo que piensan los hombres bajo el agua, pero sí sé que este libro es una buena propuesta literaria, amigable y lúdica, y aun así social, servida en chupitos bien fríos (creo que él mismo apoyará esta descripción) para ser leídos en la barra del bar, en el autobús o el metro. O por qué no en el sofá del salón de casa, ese lugar a priori seguro donde los hombres de hoy nos tomamos un respiro antes de enfrentarnos de nuevo al vértigo de la vida.
 
Artículo publicado en Facebook  por el escritor Francisco Rodríguez Criado
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