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Hay un rastro

Antonio del Camino

Con Hay un rastro, de Elías Moro, se cierra la Colección Luna de Poniente, dirigida por Marino González Montero y el propio Elías, y editada, con el patrocinio del Ayuntamiento de Almaraz, por de la luna libros, editorial emeritense con historia y largo recorrido.

En esta colección, a la que me referí aquí en su día, están incluidos veintisiete poetas extremeños. Voces muy distintas y formas diferentes de enfrentarse al poema; voces para todos los gustos y muestra exhaustiva del panorama poético en Extremadura, que no ha de dejar indiferente a ningún buen lector.

Como digo, Hay un rastro pone punto final a esta aventura (pues no otra cosa es un proyecto editorial así), y, a mi juicio, no podría haberse elegido mejor colofón, dado que éste es un libro con el suficiente peso y calidad literaria como para dejar el mejor sabor de boca, aunque lo que en él se exprese —el horror de la guerra y, por tanto, la parte más oscura y deshumanizada del hombre— no sea, precisamente, dulce.

Ya la dedicatoria, A la memoria de los olvidados, es toda una declaración de intenciones a la que el autor se mantiene fiel a lo largo de las seis partes en que está estructurado el libro y que, a su vez, podríamos dividir en dos de 6, 3 y 12 poemas, cada una. Aquí se da voz a quienes, trágicamente, la perdieron: aquellos cuyos restos aún andan dispersos por las cunetas, los que fueron fusilados frente a las tapias de los cementerios, los que murieron en las trincheras y cuya memoria fue proscrita por los vencedores...; voz a quienes subieron a trenes de un solo recorrido, y, en general, a todos los muertos a consecuencia de tanta sinrazón.

Con un lenguaje firme y descarnado, Elías Moro construye una poesía dolorosa, comprometida, implacable con la injusticia, y nos recuerda las páginas más vergonzosas de la historia reciente del hombre, al tiempo que nos advierte de que tanto horror no es cosa del pasado, pues, de una u otra forma, continúa repitiéndose a lo largo y ancho de este planeta nuestro.

En Hay un rastro no hay palabras gratuitas, ni imágenes innecesarias: cada verso es resultado de una reflexión profunda sobre el dolor y la crueldad del hombre; un dolor que el poeta hace suyo, y una crueldad que rechaza con firmeza y náusea. Al mismo tiempo, es un libro que atrapa, que nos empuja a seguir leyéndolo, mientras nos conciencia de que, como tantas veces se ha repetido, aquellos que olvidan su historia están condenados a repetirla. En definitiva, un libro duro —me atrevería a calificar de aleccionador e imprescindible— que revela la enorme calidad literaria y humana de su autor.

(Publicado por Antonio del Camino en Verbo y Penumbra)