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Eclosión lírica

Carmen R. Santos

Aunque más conocido como cantautor, el extremeño Pablo Guerrero ha desarrollado una decidida actividad como poeta desde finales de los años ochenta de la pasada centuria, en la que el impulso lírico de sus canciones eclosiona con fuerza. Así ha publicado los poemarios Tiempo que espera, Viviendo siglos, Escrito en una piedra y Sin ruido ni palabras, entre otros títulos. Las letras de Morella, que se abre con versos de Manuel Padorno, Claudio Rodríguez  y Yosa Buson, maestro japonés del haiku, nos propone un viaje por el Maestrazgo aragonés hasta la ciudad de Morella, situada en la provincia de Cas- tellón, donde contemplamos las pinturas rupestres del Levante. No necesita Pablo Guerrero de adornos retóricos para emocionar con un estilo sencillo y emotivo. La obra está impregnada de un acendrado amor a la naturaleza y a la tierra –ya presente en anteriores entregas– con las que el poeta llega a una compenetración: «A la tierra me ofrezco / como vaso de lluvia / derramada. / Día tras día». Un regalo para los sentidos, el recuerdo y la nostalgia: «Vivo el tiempo como si fuese un mar, / y el mar como si fuese una mano tendida».

(Publicado por Carmen R. Santos en el periódico ABC)

Si algo distingue la relación de Pilar Galán con la literatura es la fidelidad. Fidelidad a un estilo (llano, intimista, con pinceladas de humor), a unos temas (la educación, la familia, la escuela, el amor y el desamor que se cuelan entre las rendijas de lo cotidiano), a un género (el narrativo), a una editorial (de la Luna Libros)…

Tecleo en vano, publicado por su editor de confianza, Marino González, es otra prueba más de esa fidelidad, consagrada por la sabiduría que dan los años de entrega a la escritura. Encontramos en este ramillete de cuentos ese estilo, esa manera de entender la literatura, que han hecho a su autora merecedora de una veintena de premios y, más importante aún, de la adhesión incondicional de numerosos lectores. Estamos ante la Pilar Galán de siempre, pero también ante una Pilar renovada que exhibe cada vez mayor destreza a la hora de compartir con nosotros “la droga infalible y adormecedora de la nostalgia”, por usar las palabras de uno de sus personajes.

Están en Tecleo en vano su habitual recurso del centro comercial e Internet como paradigmas de la sociedad actual, los juegos de palabras y de ideas, los amores imposibles (“Trío Maracaibo”), el fracaso de las ensoñaciones estudiantiles (“Una espiga dorada por el sol”) y los problemas de expresividad con las palabras (que articulan mi cuento preferido: “Incinérame el cilindrín”).

Tecleo en vano es un gratificante ejemplo de fidelidad literaria que nos ofrece, bien mirado, la comparativa de dos épocas, con sus tradiciones y sus rasgos culturales: la de la escuela post-franquista y esta, irreparable, que llamamos moderna.