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Álvaro Valverde

Pablo Guerrero es uno de esos casos sorprendentes en los que la altura poética de las letras de sus canciones las convierte en auténticos himnos. Sus textos son verdaderos poemas, cosa que no puede decirse de la mayoría de los cantantes de ahora. Pero es que sus poemas --los nacidos exclusivamente para la experiencia poética-- son versos excepcionales. Si en vez de haber nacido --para su suerte-- en Esparragosa de Lares, Pablo hubiera venido al mundo en Brooklyn o en Londres estaría entre los grandes músicos-poetas del siglo XX como Bob Dylan o Leonard Cohen . Su último libro Las letras de Morella (De la Luna Libros) es todo un hallazgo, un libro de viaje y poesía con la pasión por la tierra como telón de fondo. Pablo Guerrero ha encontrado el formato poético en el que se siente a gusto, con un relato en primera persona y con las querencias telúricas del ser humano entretejidas con sabiduría, sin pedantería, sin artificios, en las que la naturaleza y especialmente el agua lo inunda todo en este paseo por el Maestrazgo aragonés. Ahora, cuando su voz aparece tamizada por el paso de los años, la palabra poética de este extremeño que luchó por las libertades en este país, cobra más importancia que nunca. Pablo Guerrero está por encima de reconocimientos trasnochados. Es un poeta que debería estudiarse a fondo y aparecer en los anales de la literatura nacional. Sin embargo en este país en el que todo lo reduce a un cliché solo nos acordamos de Pablo Guerrero como 'cantautor de la transición', cuando es un completo poeta universal. Refrán: Más valen pocos comprometidos, que muchos por compromiso.

(Publicado por Juan José Ventura en el periódico Extremadura)